
El edificio, también conocido como Casa del Conde Portillo, era originalmente una construcción del siglo XIX que perteneció a la familia Rubalcaba y pasó después a manos de José Portillo. Su silueta parece inspirarse en la torre palacial de los Agüero, con elementos como los cubos de la entrada, la decoración almenada y los remates apiramidados.
El chalé y los terrenos fueron donados por los señores de Portillo a la Compañía de Jesús. La historia de los ejercicios en Pedreña se remonta a 1945.
El día 21 de julio Juanita y Josefina iniciaron a media tarde el viaje a Pedreña para comenzar esa noche la experiencia de ejercicios espirituales anual.

Esta casa como muchas sabéis está en un enclave privilegiado y la familia Rocío y Jacobo y sus 4 hijos que gestiona la casa desde hace ya muchos años es muy acogedora, siempre disponibles y haciendo muy agradable la estancia.
Su segunda hija comienza este septiembre su experiencia de noviciado en las Esclavas y ello sin duda es motivo de alegría para su familia y para la Vida Religiosa. Queremos compartir con vosotras algo de lo que ha sido nuestra experiencia de este espacio en el que de una manera especial dejamos a Dios ser Dios y escucharle con mayor atención y disposición interior.

Este año pensé hacer los ejercicios en este lugar y puedo deciros que ha sido una experiencia maravillosa, un privilegio poder ir a un sitio durante 8 días a rezar.
Esta situación no está al alcance de muchas personas y por ello doy las gracias.
Durante los 8 días he experimentado paz y todo alrededor ayudaba, aunque éramos un grupo de 50 personas laicos, religiosas/os y sacerdotes diocesanos había un clima de silencio, respeto y compartir.
Nos acompañaban dos jesuitas Alberto Núñez y Rodrigo Sanz llenos de la espiritualidad ignaciana.
El lugar es muy recomendable para rezar, pasear, disfrutar de la naturaleza. Podría resumir mi experiencia diciendo que ha sido una ayuda para interiorizar y desde el comienzo me sentí que había podido entrar en la dinámica de los ejercicios.
Me ha confirmado la necesidad de la fidelidad a la oración en el día a día ya que ello me hará ser fiel a mi vocación.


Mi experiencia en estos ejercicios ha sido serenidad, profundidad y un estar a la escucha de mí misma, de mi realidad actual y de como Dios va haciendo camino conmigo y acompañándome en lo cotidiano sin grandes alardes, más bien en lo pequeño del día a día.
Las verdades que más han venido a mí en los momentos de oración sin duda han sido ese deseo que Dios pone en nuestros corazones de “en todo amar y servir” y para ella resonaba con intensidad “Te basta Mi Gracia” y como decía antes en una serena experiencia de sosiego interior que te hace sentir la gracia de Dios cuando somos capaces de disponernos interiormente a acogerla sin reservas.